Couve
sábado, 16 de noviembre de 2024
Adolfo Couve: El dolor de no ser poeta, por Graciela Romero
martes, 28 de mayo de 2024
Adolfo Couve era impresionante, de Jaime León
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Jaime Oyaneder en la playa |
"Adolfo me despertó todo eso que, de alguna manera, yo tenía en potencia. Mientras en el colegio era 'porro', luego de conocerlo me transformé en un lector ávido. Comencé a leer novelas, historia, estética y creo que con él sincronizamos. Fuimos grandes amigos", señala Jaime León a diez años de la muerte de Adolfo Couve. Y es que las cualidades que como académico tenía este pintor y escritor aún se recuerdan al interior de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Formador de muchas generaciones de artistas y teóricos egresados de la Casa de Bello, hoy tiene una sala que lleva su nombre.
Además, el Departamento de Artes Visuales presentará e instalará, durante el transcurso de este año, el busto de Adolfo Couve que la artista y académica de la Facultad de Artes, Patricia Vargas, donó a este departamento. Con ello, el DAV recordará a este artista, escritor y académico que estuvo ligado a la Universidad de Chile hasta el día de su muerte".
"Adolfo puede estar tranquilo"
Adolfo Couve nació en Valparaíso en 1940 y comenzó sus estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile -donde fue discípulo de Pablo Burchard-, los que luego continuó en l'Ecole des Beaux Arts de París y en The Arts Student League en Nueva York. En 1964 inició su carrera académica en esa misma Casa de Estudios, la Universidad de Chile, comenzado primero como profesor de pintura y luego como parte del cuerpo académico del Departamento de Teoría de las Artes, a cargo de cátedras como la de Historia del Arte y de la de Estética, hasta el año de su muerte.
"Lo bonito de Adolfo es que fue una persona que, obviamente, tenía un conocimiento intelectual altísimo, pero que estaba profundamente enraizado con una experiencia personal. Entonces, no era una suerte de memorizar o saberse escolarmente las cosas. El tipo denotaba en su ademán, en sus gestos, en la inflexión de la voz que lo dicho le pertenecía. Se notaba que era una experiencia devenida de sí mismo y eso generaba mucha confianza", recuerda Jaime León, quien agrega que además "era un tipo con una sagacidad, con un humor impresionante. Es muy lindo cuando te enfrentas a una persona que está exponiendo algo que le brota desde adentro. En ese sentido las clases de Adolfo eran entretenidas porque escucharlo y verlo era una cosa muy armónica".
Pero Adolfo Couve no sólo se dedicó a la docencia. Usando como técnica principal el óleo sobre tela, este destacado artista desarrolló básicamente tres géneros en su creación pictórica: retratos, paisajes y naturalezas muertas. Pese a que Adolfo Couve jamás dejó de pintar -"hacía el ejercicio del pintor, pero no mostraba y por eso para los demás no estaba pintando", aclara Jaime León-, lo cierto es que pudo conciliar su labor como académico y su gusto por la creación pictórica con otra de sus pasiones: la literatura. Así, son varios los títulos de su autoría, entre los que se cuentan "Alamiro", de 1965; "El Picadero", de 1974; "La Lección de pintura", de 1979; "La copia de yeso", de 1989; "El cumpleaños del Sr. Belande", de 1991; y "La comedia del arte", de 1995. A ellos se suma "Cuando pienso en mi falta de cabeza", publicación póstuma aparecida dos años después de su muerte.
"Él siempre confesó que se había dedicado más bien a la literatura porque le costaba más. La pintura, en frase dicha por él, le era más fácil y por lo tanto el riesgo era menor. Como el riesgo era menor la apuesta también lo era. En cambio en la literatura tenía que entregarse más, arriesgaba más y yo creo eso le generó una dosis mayor de compromiso. Ahora, como pintor tenía una pupila impresionante. Era un tipo que ya en el matado de tela tenía configurado un cuadro", explica Jaime León.
Pero su obra pictórica no es tan conocida
Lo que pasa es que, a lo mejor, su manifestación pictórica fue contemporánea a toda una cultura de arte conceptual y él, que de alguna manera manejaba una manualidad que en ese entonces podía leerse como anacrónica, simplemente no tenía mucha injerencia. En cambio la literatura no estaba dominada por algo contra lo que él iba, pese a que se decía que estaba reposicionando a la literatura realista francesa. En la pintura primaba fuertemente la postura conceptual donde, obviamente, la manualidad estaba en retroceso. Defender esas posturas era como estar en una posición que no correspondía y no le fue fácil su posicionamiento con la pintura. Sin embargo, tenía una habilidad, una inteligencia en la mancha, que yo creo que no tuvo lectura en ese momento.
¿Y ahora?
Tiene que mediar mucho tiempo todavía. Una vez que decante lo que está aconteciendo en estos momentos se decidirá quiénes fueron y quiénes no. Lo que se hace ahora no tiene lectura aún y no se sabe muy bien cómo acomodarlo. Yo creo que lo de Adolfo, tanto en literatura como en pintura sí, y por una cosa innegable: es de calidad. Quizás en un momento dado no correspondió al código que se estaba manejando a través de los medios, pero algo bueno es algo bueno siempre. Yo creo que en ese sentido Adolfo puede estar tranquilo.
¿Es cierto que estuvo un periodo sin pintar?
Es falso eso de que estuvo sin pintar mucho tiempo. Sí estuvo mucho tiempo sin exponer, pero pintaba para callado, casi con vergüenza. Yo lo acompañaba mucho. De hecho, tengo una casa en Cartagena y salíamos a paisajear, pero él no lo mostraba. Todo el tiempo hizo el ejercicio del pintor.
¿Hay algo en común entre su obra pictórica y narrativa?
Sí. Es bastante recurrente lo que te voy a decir, pero fue dicho por él mismo. Él es pintor cuando escribe y es literato cuando pinta. De alguna manera sus narraciones tienen mucha descripción, casi como un haikú de lo que es la percepción visual. Muchas de sus descripciones ricamente literarias son fenómeno de experiencia visual, lo que es una constatación de pura presencia. La visualidad es pura presencia, puro presente. Él no tenía otra alternativa porque tenía una pupila, una cosa muy visual. En ese sentido, hay una sincronía muy fuerte.
Y a 10 años de su muerte, ¿qué es lo que más recuerda de él?
Su inteligencia y su generosidad. Para muchos es difícil entender que uno diga su generosidad porque era bastante hosco, pero esa hosquedad que tenía era también un mecanismo de defensa. Tenía una gran desconfianza hacia el afecto, cosa curiosa porque era una persona muy querida. Pero se entregaba muy poco, tenía miedo y lo que te digo fueron sus propias confesiones. Por lo tanto, era de muy pocos amigos y de una actitud muy de esconderse, pero en el fondo, era una persona de una gran generosidad, de un profundo afecto y con una gran capacidad para dar.
Jaime León concluye: "En la Facultad, Adolfo Couve era muy respetado. Pese que a algunos les pudiese molestar que fuera tan marginal en relación a lo que se espera del perfil de un académico, no podían decirle nada porque sencillamente era genial. Te insisto, cuando uno vive la experiencia de lo que entrega, no puede hacer un alto para formalizarlo. Para mí, Adolfo tenía esa gran capacidad. Era espectacular".
Lunes 10 de marzo de 2008
https://artes.uchile.cl/noticias/44751/jaime-leon-adolfo-couve-era-impresionante
martes, 21 de noviembre de 2023
Adolfo Couve: un príncipe en el exilio, por Rodrigo Quintana Ortega
Era el Chile de la transición hacia ninguna parte, un simple reacomodo de poderes para consolidar una eterna post dictadura, la Constitución de 1980, AFPs e Isapres, el crédito de consumo, un discurso chauvinista macroeconómico, la despolitización de la ciudadanía y los primeros esbozos sobre el lumpen-ciudadano, profetizado éste por el poeta Armando Uribe.
En el prólogo Zúñiga explica cómo toda la fascinante y extravagante personalidad de Couve y su doctrina se sustentaban en verdades muy evidentes, por cuanto había en él una honda meditación sobre la historia del arte, donde la crisis gestada del encuentro entre el devenir de la pintura, la irrupción de la fotografía y la función del realismo plástico, sólo podían ser abordados en una fusión de escritura y pintura.
La realidad no tiene apellido, quien no se la pueda con ella, ni se atreva mejor, pues no existe eso del realismo mágico, decía para sintetizar cómo él salía a enfrentar al mundo. Eterno niño burlesco, «me duele no haber llegado a poeta. Hasta nombre tengo de poeta. No habría tenido que buscar seudónimo como Neftalí Reyes y Lucila Godoy Alcayaga. Pero me faltó el talento», aseveraba Couve.
Su supuesta debilidad emocional la graficaba con metáforas entrañables. «Yo soy un bote con un hoyo al medio, no puedo decir me voy a Isla de Pascua, pues me hundo ahí mismo en la playa», decía. Todo su legado artístico y académico es la de un noble apátrida. La pintura, su lengua materna, fue exiliada y marginada durante el siglo XX. De ahí tan acertada la propuesta de Zúñiga.
«La maestra, en cambio, aliviada de no seguir representando su personaje por esa tarde, disminuyó el paso y estuvo tentada de acercarse a orillas del mar. Su origen humilde la había hecho siempre sobreactuar ante las personas acomodadas, que desgraciadamente sabía eran quienes volcaban sobre la cabeza de los pobres el cuerno de la fortuna».
miércoles, 14 de septiembre de 2022
La vida mía la he ofrendado al arte, p o r A n a M a r í a L a r r a í n.
Con una certeza total con respecto a la valía de su obra literaria, Adolfo Couve (49 años, una hija) se muestra, en cambio, como un hombre atormentado y temeroso frente a la vida misma.
Su figura se ve empequeñecida bajo los árboles centenarios, y algo difusa entre la bruma que cae al atardecer. Personaje de libro es Adolfo Couve; personaje, sobre todo, de sus propios libros, siempre oculto tras un velo de nostalgia, siempre luminoso en su honda pero apenas diseñada humanidad. Hermoso en su contradicción interna, conmovedor en su entrega total al arte y, al fin de cuentas, a la vida que, al parecer, lo acosa.
Alejado de la literatura por casi una década, hoy reaparece con dos novelas cortas, indesmentiblemente suyas: El Pasaje y La Copia de Yeso.
viernes, 8 de julio de 2022
Sobre Perder la cabeza, de Francisco Cruz, por Felipe Joannon.
domingo, 3 de julio de 2022
ALAMIRO : Operación novelesca del trauma, por Héctor Hernández Montecinos.
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sábado, 26 de marzo de 2022
Couve: un hallazgo gratificante. Extracto de una nota de Iván Quezada E. a César Aira (nov. 2003).
¿Observa una mayor comunicación entre las narrativas de Chile y Argentina en los últimos años?