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sábado, 16 de noviembre de 2024

Adolfo Couve: El dolor de no ser poeta, por Graciela Romero

 


Gran pintor y gran escritor según él mismo se considera, Adolfo Couve está libre de la falsa modestia, pero no de la mala suerte de haber nacido con dos talentos. Para colmo, ambos igualmente apremiantes. Doce libros publicados -muy valorados por los entendidos, pero poco leídos- y otro más ad-portas, revelan en forma elocuente que las letras son su obsesión. Pero también los pinceles empujan lo suyo y pese a su reclusión en Cartagena, hasta allá lo persiguen los compradores de sus cuadros. Impredecible, a menudo él se niega a venderlos, porque quisiera reunirlos para una exposición. La última la hizo en 1986.
“El arte es un medir del conocimiento”, dice, y como su intención no es llegar al museo sino entender el proceso de creación y así morir tranquilo, prefiere su vida de ermitaño, con la austeridad de quien desdeñó haber podido ser inmensamente rico, como lo fueron muchos de sus antepasados.
Con la pintura y la literatura disputándole la inspiración, él trata de atender a ambas y cree haber
encontrado la solución.
- Yo les pregunto -desafía - ¿qué es mejor, describir mi jardín o pintar mi jardín? El dilema sigue en pie, pero así nació mi libro recién concluido: La comedia del arte (Planeta, 1995), la historia de un pintor, su amante y el fotógrafo que se la levanta. El triángulo puede parecer trivial a primera vista, pero ahí está todo. Incluido el hecho de que la fotografía, junto con el cine, arrinconó a la pintura, la cual ha debido remitirse a su síntesis. Napoleón tuvo que hacer pintar su coronación, porque entonces no había fotógrafo que la inmortalizara.
- Pero usted no se siente pintor arrinconado...
- No, porque soy precisamente de los que van a la síntesis. La literatura me enseñó a concentrarme, a la economía de medios para contar y ambientar. La literatura es mi fe. Opto por el camino duro. Todos escribimos mal, las palabras son una moneda burda debido al desgaste diario. Hay que trabajar mucho para volverlas monedas de oro. Y todo ello en beneficio de la pintura, que es mi deber cumplido.
- O sea, usted es, cosa rara, un artista satisfecho con su quehacer.
- No del todo. Si bien soy un pintor que hasta ama visualmente, y un escritor que ama atmosféricamente, así de intenso en ambos quehaceres, y grande en ambos, me duele no haber llegado a poeta. Hasta nombre tengo de poeta. No habría tenido que buscar seudónimo como Neftalí Reyes y Lucila Godoy Alcayaga. Pero me faltó el talento. Envidio a Ezra Pound, a Elliot, a Rubén Darío... Todos somos envidiosos, es claro. También envidio a los que lo hacen mal y les va bien, y que mejor no nombro, porque son escritores, más bien, escritoras, muy leídas.
- Y usted no.
- Hasta cierto punto. La lección de pintura, El tren de cuerda, son lectura escolar. Esas lecturas me recompensan más que el Premio Nobel. Las cosas son relativas. Antes soñaba comprar una pieza en París para devolver a los grandes -Balzac, Flaubert, Stendhal- lo que ellos me dieron. Ya no vale la pena. Estoy conectado al mundo con el cable. Si quiero saber si mañana que voy a dar mi clase a la universidad debo llevar paraguas, pongo el Tiempo en España o en Nueva York, donde jamás se equivocan, mientras aquí no le apuntan jamás.
Ingresado a la cincuentena, con su facha y cara de niño irreverente pese a la barba blanca, Couve confiesa que la soledad empieza a acompañarlo. "Ya pasó lo peor", agrega.

Revista Paula n°711 (Sept.1995).


martes, 29 de abril de 2014

"Adolfo Couve: El dolor de no ser poeta" por Graciela Romero







...................................................Gran pintor y gran escritor según él mismo se considera, Adolfo Couve está libre de la falsa modestia, pero no de la mala suerte de haber nacido con dos talentos. Para colmo, ambos igualmente apremiantes. Doce libros publicados -muy valorados por los entendidos, pero poco leídos- y otro más ad-portas, revelan en forma elocuente que las letras son su obsesión. Pero también los pinceles empujan lo suyo y pese a su reclusión en Cartagena, hasta allá lo persiguen los compradores de sus cuadros. Impredecible, a menudo el se niega a venderlos, porque quisiera reunirlos para una exposición. La última la hizo en 1986.

.......... "El arte es un medir del conocimiento", dice, y como su intención no es llegar al museo sino entender el proceso de creación y así morir tranquilo, prefiere su vida de ermitaño, con la austeridad de quien desdeñó haber podido ser inmensamente rico, como lo fueron muchos de sus antepasados.

.......... Con la pintura y la literatura disputándole la inspiración, él trata de atender a ambas y cree haber encontrado la solución.

.......... --Yo les pregunto -desafía- ¿qué es mejor, describir mí jardín o pintar mi jardín? El dilema sigue en pie, pero así nació mi libro recién concluido: La comedia del arte (Planeta, 1995), la historia de un pintor, su amante y el fotógrafo que se la levanta. El triángulo puede parecer trivial a primera vista, pero ahí está todo. Incluído el hecho de que la fotografía, junto con el cine, arrinconó a la pintura, la cual ha debido remitirse a su síntesis. Napoleón tuvo que hacer pintar su coronación, porque entonces no había fotógrafo que la inmortalizara.

.......... --Pero usted no se siente pintor arrinconado...
.......... --No, porque soy precisamente de los que van a la sínteisis. La literatura me enseñó a concentrarme, a la economía de medios para contar y ambientar. La literatura es mi fe. Opto por el camino duro. Todos escribimos mal, las palabras son una moneda burda debido al desgaste diario. Hay que trabajar mucho para volverlas monedas de oro. Y todo ello en beneficio de la pintura, que es mi deber cumplido.

.......... --O sea, usted es, cosa rara, un artista satisfecho con su quehacer.
.......... --No del todo. Si bien soy un pintor que hasta ama visualmente, y un escritor que ama atmosféricamente, así de intenso en ambos quehaceres, y grande en ambos, me duele no haber llegado a poeta. Hasta nombre tengo de poeta. No habría tenido que buscar seudónimo como Neftalí Reyes y Lucila Godoy Alcayaga. Pero me faltó el talento. Envidio a Ezra Pound, a Elliot, a Rubén Darío... Todos somos envidiosos, es claro. También envidio a los que lo hacen mal y les va bien, y que mejor no nombro, porque son escritores, más bien, escritoras, muy leídas.

.......... --Y usted no.
.......... --Hasta cierto punto. La lección de pintura, El tren de cuerda, son lectura escolar. Esas lecturas me recompensan más que el Premio Nobel. Las cosas son relativas. Antes soñaba comprar una pieza en París para devolver a los grandes -Balzac, Flaubert, Stendhal- lo que ellos me dieron. Ya no vale la pena. Estoy conectado al mundo con el cable. Si quiero saber si mañana que voy a dar mi clase a la universidad debo llevar paraguas, pongo el Tiempo en España o en Nueva York, donde jamás se equivocan, mientras aquí no le apuntan jamás.

......... Ingresado a la cincuentena, con su facha y cara de niño irreverente pese a la barba
blanca, Couve confiesa que la soledad empieza a acompañarlo. "Ya pasó lo peor", agrega.





en Revista Paula Nº 711 Septiembre de 1995

viernes, 25 de abril de 2014

"En los desórdenes de Junio" por Hernán Díaz Arrieta (Alone)



 Uno de los pocos cuentos que en este libro traen el detalle local, donde se nombra con todas sus letras la calle San Diego, se llama "La Musa de Darío", y esboza el dibujo de dos figuras huidizas. La obrita, muy breve, 60 páginas, se compone de pequeños trozos fugaces, fantásticos, a menudo de intención irónica, señalados por la delicadeza del rasgo y el jugueteo de las imágenes.

...Constantemente hacen recordar algo de alguien, como casi siempre ocurre con las primeras producciones de los jóvenes muy jóvenes.

...Pero ¿quién, cuál?

...En este cuento, si tal puede llamarse, más exactamente en ese título está la hebra del ovillo.

...Así empezó Darío en Chile, así ensayó las alas que tanto debían volar, con ese ánimo despreocupado y curioso, con la misma mirada en que lo real y lo imaginario se mezclan, orientados por una sola intención: darse gusto. Ninguna gravedad, ningún problema. Eso se lo deja a los demás, a los que toman la vida como un drama, a los apasionados y los comprometidos. Esa hora no llega todavía para él ni quiere precipitarla, uniéndose a los que luchan y tiemblan.

...Ya tendrán tiempo de venir los dolores y de arreciar.

..."Por la calle San Diego andaba errabunda y envuelta en velos una musa antigua. Suelen los siglos tener sus musas y así Adelina, célebre en tiempos remotos, no encontraba oídos prestos a escucharle ahora. Y cuando se arrimaba a los poetas modernos éstos desoían su canto argumentando que aquellos requiebros dulzones estaban ya escritos".

...Diriáse una autocrítica, un sarcasmo. El autor habla como podrían hacerlo, en el peor sentido de la palabra, sus críticos, los de Adelina, la pretérita, la anacrónica, obsoleta sombra entre velos de sombra.

...Cuidado. Las cosas de la juventud nunca son tan sencillas. Ojo con la sombra de la sombra que puede reencarnar.

..."Así Adelina desistió de intervenir en este siglo y se dio a vagar por las calles estrechas. Pero este deambulaje sin sentido le duró poco tiempo, al cabo del cual entró para ocupar sus horas al servicio de un taller de zurcido invisible".

...La realidad, si no el realismo, torna a la carga y asoma su perfil, trabada por la fantasía de un zurcido invisible.

...¿Sería nuestro escritor un novelista en cierne?

...Porque es allá donde, tarde o temprano, van a parar las vocaciones indecisas, los temperamentos múltiples, las voluntades que vacilan entre varios géneros, ensayando en esta y en aquella dirección sus fuerzas principiantes.

...Las de Adolfo Couve se anuncian vivaces, promisorias, a ratos de una sorprendente madurez, tanto que se diría un artista fogueado, próximo al refinamiento y ya de vuelta en recursos, malicias y destrezas.

...¿Quién podrá decirlo? ¿Cómo darle un consejo?

...Esto no puede brotar sino del mismo que lo pide, nadie sino él contestará sus preguntas y únicamente se le puede insinuar que las busque ahí, en su interior, en sus aficiones predilectas, en su íntimo placer. Todos los secretos del mundo exterior se encuentran en el recinto interno que los escoge y valoriza, en sus apremiantes voces, en su determinación oculta. Descubrirse, conocerse, realizarse, llegar cada uno a ser quien es. Tarea para la vida de cada cual, trabajo arduo, inagotable empresa y manantial profundo. ¡Y que fuente de curiosidades! Nunca se acaba de saber.

...Es la novela del novelista y la poesía del poeta, la historia del historiador y el drama del dramaturgo, como los pensamientos del pensador y la crítica del crítico.

...Junto a Adelina, la del zurcido invisible, numerosos y distintos embriones de personajes se acumulan bajo ese vago y caprichosos título "En los Desórdenes de Junio"; un viejo hugonote arribado a Valparaíso en 1850; el Gobernador colonial Meneses, ese demonio; Juansa de Leona, madre soltera; un pirata en acción armada; un Ministro de Estado; un incrédulo que recita su breviario, un célebre profesor y hombre de letras, un rey de leyenda, ninguno tratado al modo naturalista o en plano de simple realidad, todos medio entrevistos, medio soñados, coherentes, verosímiles, increíbles y significativos; en suma, una danza de temas, un carnaval de escenografía abigarrada, gérmenes, alas, plumas, sinotra pasión que la de ver y contar, a traves de un velo de sonrisas insinuadas con cierto despego, como para indicar que de nada serio se trata, aunque podría ser, aunque podría ocurrir...

...Curioso, bien curioso, pequeño libro revelador de corrientes vagabundas que así podría canalizarse en un sentido único o perderse derramadas al azar sobre una ilimitada superficie.

...¿Quién sabe?

...Es el sigo mismo de la juventud que se busca y aún no se conoce, aunque ya dispone, como Adolfo Couve, de las palabras, las frases, las imágenes.

...................................................................................ALONE

en Revista Paula Nº 208 Santiago 23 de Diciembre de 1975

domingo, 17 de noviembre de 2013

COUVE Conversación Inédita, Claudia Donoso



Conocí a Couve en 1993, cuando publicó Balneario. Le hice una entrevista y nos fuimos haciendo amigos. No soy la única a quién leía pasajes enteros de sus escritos por teléfono -aparato del que era adicto- y eso incluye relatos extraordinarios que después desaparecían porque él los consideraba insuficientes o equivocados y los quemaba.

... Me tocó estar especialmente cerca de Couve mientras escribía La comedia del arte (1995) para la cual me encargó un prólogo que él mismo se encargó de ir soplándome, juego al que me presté gustosa pues era una fiesta compartir sus fábulaciones. Hablamos mucho durante esa época: su necesidad de ser escuchado era imperiosa y yo le hacía caso en todo porque era un ser encantador. "Hagamos hogar", decía a la hora del té, y partíamos a la esquina a comprar paltas y nos instalábamos luego a ver la teleserie del momento. Couve era entretenido, increíblemente divertido, de una comicidad que se columpiaba entre lo liviano y lo macabro y poseía el don de la memoria prodigiosa. Insomne, obligaba a los demás a mantenerse despiertos hasta la madrugada a punta de comentarios inquisitivos, fabulosos pelambres, historias vividas y elucubraciones. Era bastante médium, entonces, cuando se daba cuenta de que había abusado de la atención de su interlocutor, se daba a la tarea de retribuirle y se ponía a adivinarle el pensamiento, a inquirir sobre amores pasados y hacía preguntas que daban pie para que él otro también se pusiera a contar su vida.

... A las 7 de la mañana estaba despierto. Se comía una manzana y decía "One apple a day keeps the doctor away", y empezaba la risa de nuevo. Carlos Ormeño, su ayudante durante más de una década -a él está dedicado su libro póstumo-, le sacaba entonces la funda a la jaula del loro y cumplía con el rito de trasladar el plumífero al patio. Lo que seguía era la caminata matinal con el Moro, su perro negro, por la Playa Chica: seis vueltas matemáticas de ida y de vuelta: "Hay que cumplirle a la cuerpa", decía y seguía la chacota.

... Cuando se publicó La comedia del arte Couve, a diferencia de otras ocasiones, lo pasó bien. Fue celebrado por la crítica y además su libro tuvo bastante éxito de ventas; semana a semana apareció en los primeros lugares del ranking. Estaba feliz: "Yo siempre creí que me gustaba ser anónimo pero ahora me doy cuenta que ser rey de Inglaterra es bien entretenido también", bromeó por esos días.

... A diferencia de otras oportunidades -y tal como le había sucedido en el caso de El pasaje ( 1979 )-, La comedia... no lo castigó con el coletazo de una posterior catástrofe síquica, pero esa amenaza estaba siempre rondándolo: "Los artistas son, en el fondo, muy poca cosa, gente muy impresionable y muy hueca porque son propensos a ser volteados por fuerzas frente a las cuales no tienen defensas", decía y una de sus obsesiones persistentes era el paso del tiempo cuya flecha se le devolvío en contra. La vejez le producía horror.

... Terminó el manuscrito de Cuando pienso en mi falta de cabeza ( La segunda comedia) poco antes de suicidarse, el 11 de marzo de 1998. Dos años después, y coincidiendo con esta fecha aniversario, Planeta la publica.

... Un año después de la muerte de este artista, el más artista de todos los artistas que me ha tocado conocer, encontré en uno de mis cajones una cinta grabada que decía "Couve, por transcribir". Era una conversación de la que yo no tenía recuerdo, lo que hizo que escucharla equivaliera a una visita inesperada, aunque nada de casual, cuya intención hubiera sido la de acompañar -de acuerdo a antiguos pactos- la aparición del libro con que se despidió del mundo. Opté por no escamotear el carácter íntimo de esta interlocución.

... Es Couve quien empieza la conversación: "Tú te ríes cuando yo digo que no hay nada mejor que una película en blanco y negro pero lo digo, porque ¿qué es lo que lo hace feliz a uno?: arrancarse de la mamá y de la casa para irse por el barrio con los amigos cochinos y con la tía que toma trago, ¿a qué?: a las matinés vacías de los teatros donde no hay nadie y dan tres películas rotativas y donde hacen pipí de la galería para abajo.

--Eso es porque ahí está lo prohibido.
--¿Pero por qué tiene uno que ir a hacer esa odisea en la tarde y no hacer las tareas? Porque hacer las tareas es encontrarse con la muerte y eso uno no lo soporta no más. Tú me dices que yo no me quiero. No es que no me quiera. Yo no soporto no más. Yo no soportaba. Mi bolsón estaba siempre cerrado con los libros adentro. No porque fuera choro, sino porque era tan grande la angustia que me producía lo que tenía que hacer, lo que había que hacer...

--Que no veías cómo escaparte...
--Es que yo tenía que buscar una manera...Yo estaba en el mundo por mi mamá, sin haberlo yo pedido y como, si eso no bastara, tenía que cumplir y cumplir con una serie de cosas en una vida que yo no había pedido y eso eran las reglas, cachuchazos y un padre tremendo.

--¿Era muy estricto?
--Mi papá era... Era tan obediente mi papá. Era heroico: corría a pagar las cuentas antes de que llegaran. Era una gracia que tenía él. A mí me daba angustia la misa, entonces dejaba la misa para la tarde. Iba para cumplir y por el interrogatorio de mi papá. Todas las noches del domingo, yo estaba en cama, en mi pieza, y él decía: "Adolfo, venga para acá: ¿fue a misa?". "Sí". "¿Y a qué hora?". Ahí empezaba a sonar yo: "En la tarde", contestaba. "¡Ah, como las señoras", decía él. "¿Y de que se trataba el Evangelio hoy día?", seguía.

--Quería que fueras un niño pío y ordenado.
--¡Ah no! Mi papá no podía creer como era yo. Mi papá sufrió mucho conmigo. Entonces yo, para no equivocarme, mentía. Era lo más mentiroso que te puedas imaginar. Fui verdadero después. Cierto: un día me propuse no mentir más porque yo era lo más mentiroso que te puedas imaginar: para poder sobrevivir. Entonces qué pasa: que cuando llegaba del colegio en la tarde, lo que yo buscaba era la posibilidad de no estar en la vida y eso era largarme a la vereda. Yo salía para afuera y me iba donde unos amigos en la esquina donde la vieja que tomaba trago y a la casa de la otra que era separada y trabajaba en la Lan. Todo un grupo de gente margianl que no me correspondía, pero yo desde chico tuve que estar en una vida que no fuera la vida.

--Que no fuera la que te había tocado a tí.
--Era la única manera de sentirme bien porque ahí estaba lo terrible, lo horrible, pero también era la chacota, la guarida porque ahí yo estaba escondido de la vida en la vida, y eso me daba alegría. Entonces para mí tenían que ser: lugares escondidos, lugares pasados de moda, lo más escondido. ¿Qué es lo más escondido? Un rotativo. Colarse a un rotativo en el cine Alameda a las 3 de la tarde y verse tres películas al hilo.

--Que eran en blanco y negro. ¿Como cuáles?
--O´Cangaceiro (tararea la melodía ). Yo siempre creía que esa música daba suerte, es de las pocas supersticiones que tengo. A los 12 años yo estaba incrustado en el cine Alameda viendo O´Cangaceiro, con esa canción: una película brasileña vieja, pasada de moda que se cortaba a cada rato entonces, pjjjjjjjj: se prendía la luz, pero era una luz de mentira porque afuera había un sol tremendo, entonces era una ampolleta horrible con una luz que seguía siendo de otra vida. Así fue como desde chiquitito me acostumbré a vivir en contra de los demás. Pero no por pose: porque no soportaba esta vida que me producía angustia porque eran las notas, las operaciones, todo lo horrible estaba ahí.

--Y todo lo fantástico, por supuesto, en otra parte.
--Ahora, parece que mis amigos de la calle, por ser de clase media baja, no esperaban mucho de la vida. Ya tenían un ala rota pero no sé si estaban en el mismo cuento que yo. A lo mejor ellos estaban tratando de salir de eso para meterse en mi vida y yo, no era que quisiera meterme en la de ellos, sino acompañarme, descansar, porque ahí estaba el fracaso más a la vista.

--¿Te parecía que eso era más creíble, más real?
--Era más intenso y ellos no tenían ninguna posibilidad de exigirme nada porque los padres de ellos ya estaban fracasados, entonces ellos no me iban a decir ¿fuiste a misa? No. Ellos eran el descrédito, lo que me iba a pasar a mí si no hacía caso adentro de mi casa, y yo no tenía cómo sacarme un 7 cuando chico porque todo a lo que yo aspiraba era un descrédito.

--Y eso no se valoraba en tu casa.
--Ni en mi casa ni en ninguna parte, a pesar de que ir a ver O´Cangaceiro implicaba todo un trabajo adentro de ese teatro a oscuras, porque yo estaba aprendiendo algo, estaba reflexionando y algún día iba a estar devolviendo. Entonces a esa tarea que estaba haciendo yo adentro del teatro, en vez de estar estudiando la reproducción de las algas, no le ponían nota en ninguna parte. Todo mi trabajo durante toda mi vida ha sido descalificado. Así es que cuando a mí me califican bien yo me sonrojo. Soy el primer sorprendido cuando encuentran buenas mis cosas porque nunca esperé que algún día iban a entender que yo también estaba trabajando al revés.

--Porque está esa posibilidad de aprender de otras maneras.
--Es aprender en otro colegio, que no eso que dicen de "la universidad de la vida", pero es cierto también... Porque la gente que ha estado obligada a la calle... Es muy difícil que a mí me roben o que a mí me asalten. Es muy difícil. El mismo Carlitos me dice que yo hablo como la gente de su población. Se admira cómo yo puedo defenderme con la misma habilidad que los niños del block. Si yo no robo o no mato. Pero yo podría robar bastante bien porque yo estoy en esa ley. Estoy hablando de una cosa más dura y más íntima. Yo tenía la desgracia además de que mi papá había estado en el San Ignacio y los hijos de los compañeros de mi papá eran compañeros míos...

--Te sentías entonces vigilado y puesto a prueba por los hijos de sus amigos...
--Agrégale que mi papá fue el alumno más brillante del colegio de pé a pa: fue cónsul de Roma, tenía un cartucho de cemento lleno de medallas apolilladas que me daba vuelta a los pies de la cama cada vez que me quería decir algo y yo veía este cerro de polillas que eran un honor para él. Bueno. Y hubo un semestre en que yo me saqué todos los premios y fuí cónsul, no de Roma, sino de Cartago.

--Te pusieron medallas a tí también. ¿Qué sentiste?
--Premio en todo me saqué y yo sentí el horror de eso. Después de esa cuestión repetí curso porque eso no era lo mío. El éxito no era lo mío. Me sentaba siempre atrás y me echaban todo el tiempo para afuera. Porque yo quería aprovechar de reírme. ¿Por qué? Porque yo sabía que la risa era una cosa muy importante. Entonces reírse con ganas, pero con verdaderas ganas... ¿Dónde se puede reír con ganas uno?

--Cuando te sientas en la fila de atrás.
--En la fila de atrás, claro, y durante una clase que es la antítesis de la burla, porque uno está comprimido y es muy artificial tener niños sentados escuchando sandeces - que ni siquiera son tan comprobadas tampoco-, en completo silencio. Entonces esa situación de opresión hace que cualquier detalle, cualquiera cosa por nimia que sea...


--Pincha el globo
--Pincha el globo y se arma la grande, la chacota en cadena. eso quiere decir que a la intensidad de esa concentración le corresponde una intensidad de igual jerarquía que es la risa, la broma, la chacota. En clases la tentación de risa es enorme, porque no hay libertad para reírse y no se puede desaprovechar ese goce casi sexual de la risa que vas a tener en ese momento. Entonces lo primero que uno hace cuando entra a clases es sentarse atrás, para poder repetir de nuevo esa experiencia. Y yo la he repetido tantas veces que me echan para afuera de todas partes ( risas ). Pero yo no lo hacía con el afán de burlarme, sino con el afán de sentir de nuevo la risa, sentir la intensidad de esa alegría.

EL CREDO

--Tú crees que a tu padre lo defraudabas, pero lo que a lo mejor tenía era mucho miedo por ti.
--Yo creo, y tenía razón de tener medo por mí, porque yo tuve que armar una academia personal, un rigor personal, un orden personal, una moral personal, ¿te fijas? Porque no tuve la otra. Como no tuve la real, la convencional...

--No te pudiste guarecer ahí...
--Claro, no tuve norte yo. Soy la persona más poco convencional que existe. Hasta el día de hoy, en que me siento enrocado en una situación que no sé cómo desarmar, porque resulta que armé una cierta seguridad que me amarra mucho.

--Que es la que has podido sustentar..
--Entonces, ¿qué pasa con la literatura? La comedia del arte me abrió una libertad que me merecí, con un trabajo que son los otros libros anteriores. Una libertad ganada, aunque me hayan ayudado a corregir, pero no importa porque en un 99 por ciento es mía.

--Pero si a todo el mundo lo ayudan los editores y los correctores de estilo.
--Eso yo no lo puedo entender porque a mí me pasa que si tú me ayudas, me pasas en limpio y me corriges, me viene la paranoia de que tú me escribiste la novela. Porque yo tengo todas esas cosas también. Bueno. Pero la libertad que me dio La comedia del artetengo que aprovecharla. ¿Para qué? Para llegar a un credo que ya no sea debido al de un rigor convencional de la tarea bien hecha. Eso es lo que yo necesito: a través de este puente que es La comedia... llegar a eso que llegó Pound, no sé si Eliot. A lo único que aspiro en la vida es llegar a hacer este rigor en forma más suelta y metiendo ingredientes míos, de mi experiencia, de mi historia, que no tengan que pasar el examen del mundo. Que yo imponga al mundo una cosa mía. Porque hasta ahora he tenido que ser obediente, de todas maneras, a los géneros de la literatura. No he sido tan genial como para hacer elUlises, pero de eso tengo hambre.

--Tú dices entonces encontrar formas nuevas...
--Encontrarse con que la fuerza superior obra en mi trabajo. Ser no profeta, sino un canal lo más impersonal -porque yo para mí no quiero nada-, un canal receptor, receptor de una tarea, de una misión. No de una misión extraordinaria para cambiar a nadie, sino para que el día de mañana una persona que no crea en los valores convencionales encuentre en lo que yo hice y en otros- porque lo que uno hace lo está haciendo otro altiro: aquí en Chile deben de haber 4, en Argentina 2, en Colombia 8- estas señalizaciones de felicidad. Bonito lo que te dije, ¿o no?

--Bonito. ¿Qué estás tratando de escribir ahora?
--Estoy tratando de hacer ese libro que se llama Historia y geografía. Lo que quisiera es llegar a esta síntesis ya sin tema. Pero yo no sé si voy a poder hacerlo. De lo que estoy absolutamente seguro es que tengo que quitar todo lo que tenga que ver con lo que yo he quitado siempre y que es lo que no me interesa.

EL TORNIQUETE

--¿Cuándo te dan ganas de pintar?
--Cuando hay un sol que me está motivando. ¿Por qué pinto en verano dos o tres cuadritos y no pinto más en todo el año? Porque siento ese llamado de la luz. Pero el problema es que la pintura no refleja la historia, que es una cuestión que a mí me ha interesado desde chico, ni tampoco deja entrar las historias del corazón. Por ejemplo, en medio de todo ese parloteo del EL señor Ballande, hay una frase que dice: tal vez el amor no sea más que un encargo del recuerdo. Esa frase, te fijas, es de otro calibre que lo otro, esa frase no está en ningún cuadro del mundo.

--¿Y cómo es esa diferencia tan tajante que haces entre el escritor profesional y el artista?
--Los artistas son personas que no hacen nunca nada bien y que todo lo que hacen es genial. Esos son los grandes artistas. ¿Has visto algún diccionario aquí en mi casa?: los hombres de letras tienen el diccionario siempre abierto sobre el escritorio y están todo el tiempo hablando de los otros escritores y leen para estar al día, cosa que a mí me quita tiempo. Los hombres de letras tienen facilidades, en cambio para el artista es terrible cuando tiene que escribir, porque es lo más porro que hay y no le resulta la sintaxis. Pero -y esto es lo bonito- cuando de a pedazos le resulta eso que le resulta, no le resulta nunca a un hombre de letras. ¿Me entiendes?

--Tú hablas mucho de la vejez. ¿Qué te pasa con eso?
--Sí, porque mira: un niño no puede no cumplirle a la vida. Un niño no puede meterse a su pieza y no salir más, pero un jubilado se puede morir en su pieza tranquilamente. Un jubilado puede no tener amigos -qué terrible ¿ah?-, un jubilado puede no salir de su pieza, puede vivir solo, puede morirse de hambre, puede morirse solo, y yo conozco gente que se ha muerto sola y que la han encontrado varios días después. Lo que es una prueba de que con los años a la gente no le importan los demás. Y cuande les importan les importan mal. Porque es el abuelito que anda dando botes adentro de una casa o una vieja que se hace la simpática, porque las viejas se hacen las simpáticas.

--Para pedir perdón.
--Para pedir perdón por ser viejas. Yo no quiero eso. A no ser que me dé Alzheimer, porque ahí uno ya no sabe qué bola huacha anda acarreando muebles adentro de la cabeza. Yo encuentro que la vejez es peor que la muerte. Claro. Entonces o tú transformas la vejez o la vejez es lo peor. Porque hay viejos que se la pudieron y que no son viejos, sino seres humanos cargados de algo, ¿me entendís? Bueno, eso es lo que hay que lograr y eso se logra con caminos difíciles. No se logra repitiendo cosas. se logra como Pound.

--Te sientes atrapado acá, en tu situación.
--No. Yo siento que tengo que darle gracias a Dios que no me morí anoche, porque no me vino el dolor profundo al pecho que a veces me viene, y porque no me caí muerto en la alfombra. Porque yo siento que un día me va a venir un gran ataque, y yo no sé qué voy a hacer un lunes a las 3 de la mañana, llamando a la asistencia pública. Tengo confianza en que Dios no me va a dar espectáculos espantosos como el que una vez me dió con otro persona. Aquí era un domingo en la noche y vino la mujer de un cuidador que yo tenía, el Daniel, que vivía ahí en la casa del frente,gritando "Don Adolfo, el Daniel se está muriendo". Entonces yo no atiné a nada. Llamé a la asistencia pública de San Antonio y le dije: "Hay un hombre que se está muriendo en la vereda". "¿En qué vereda?", me dijeron ( se ríe ). Les expliqué. Salí para afuera y vi que Daniel saltaba como monito; de dolor, como monito. Ahí estaba Daniel saltando solo en una vereda en Cartagena donde no había nadie, en invierno a las tres de la mañana, y ahí estábamos los dos: él saltando y yo mirándolo y pensando: "qué bueno que no soy yo, a ver, ¿qué hago?". Entonces le dije a la mujer: "Anda al baño, moja una toalla y traémela". Me trajo una toalla, yo la estrujé y con ella le hice un torniquete en la cabeza a Daniel ( se ríe ). Y tan fuerte le apreté la cabeza que el tipo dejó de tener dolor. Mira lo que hice: no atiné sino que a llevarle todo a la cabeza. Hasta que llegó la asistencia y me dijeron "¿Qué está haciendo ahí?" y se lo llevaron al hospital con la señora.j




en Revista Paula, marzo 2000

Atorretrato de artista (Adolfo Couve 1940-1998) por Claudia Donoso



..
. El miércoles 11 de marzo, a las 8:05 de la mañana , el escritor Adolfo Couve se suicidó en su casa de Cartagena. Al morir, dejó el manuscrito de La segunda comedia, título definitivo de lo que también se llamó Cuando pienso en mi falta de cabeza, una extraordinaria novela con la que completó su obra literaria.

... Couve no mentía ni capéo nunca: tomó todos los riesgos y asumió todos los costos de meterse, como él decía, en el túnel del arte. No es verdad que tenía un palacete en Cartagena, como se ha repetido. Se trataba de una bonita casa de ese balneario, venida a menos como todas, donde armó como pudo un lugar donde vivir, hasta que se la sopló el lobo.

... Sin lugar a dudas, la obra que dejó ha instalado un sólido y crucial referente en la literatura chilena de hoy y de mañana. Lo que sigue son opiniones suyas recogidas en diversas conversaciones, a lo largo de los últimos años, por la periodista que firma estas páginas.


LA EXIGENCIA

... Yo creo que lo único importante es no escoger el camino fácil, a pesar de que por eso uno caiga a la cama y vea todo negro. Aunque la exigencia sea enorme, uno tiene que hacerle siempre el empeño a eso que le queda grande, porque de repente algo se te devuelve y, aunque sean unas migajas, eso es más importante que haberse repetido hasta el cansancio.

... Detesto lo anecdótico y me carga la "imaginación". No la he ocupado nunca. Si la ocupara podría hacer una novela al mes, pero no me interesan las novelas que consisten en andar destapando los techos de las casas para mirar lo que está pasando adentro. Esos son folletines, vida privada, escándalo. Un artista jamás hace eso, porque si yo me pongo a destapar techos voy a encontrar un público que lee por curiosidad y no por la aventura del lenguaje.

SEGURIDAD INSEGURA

... La alegría más grande es cuando se te va dando al unísono el lenguaje y el contenido, porque ahí tú estás armando un organismo que está fuera de ti. Es una cosa que da una seguridad tremenda, aunque después se pierda. Mi vida ha sido esta seguridad insegura, pudiendo yo haber tenido seguridad total en la pintura, donde no tengo problemas.

BÚSQUEDA DE SÍNTESIS

... Cuando uno busca algo y no a alguien, ¿qué busca?: un libro de poesía o un libro concentrado, porque eso es lo que te acompaña. Un libro de esos es más que una película, a menos que sea una película que den muy tarde en la noche y que sea en blanco y negro.

... Escribir corto o largo, poco o mucho, no es una medida. Hay gente que escribe Por siempre ámbar, por ejemplo. Es un libro que tiene varios centímetros de grosor, y como parece un pisito, si le pongo al lado Lo que el viento se llevó se arma el amoblado completo. La literatura que se juega por la síntesis, en cambio, es muy difícil de alargar, a menos que uno se ponga a explicarla: ahí podrían aumentar sus páginas al doble, pero ése es un error, porque a la palabra bien puesta le sobran las explicaciones.

PINTURA Y LITERATURA

... Durante muchos años sufrí porque me pasaba todo el tiempo dándome vuelta la chaqueta: de la pintura a la escritura y viceversa. En ese sentido, La comedia del arte ha sido una catársis: Camondo es el pintor que hay en mí y que pinta sin ganas. O sea, pinta mal. Y Sandro es el pintor bueno que hay en mí y que no tiene necesidad de escribir. Pero donde yo me he jugado verdaderamente es en la literatura. Pinto de vez en cuando. Pinto porque tengo condiciones innatas y eso tiene que tener una salida. Me gusta el formato chico y no tengo pretensiones, porque no me siento obligado a entrar en la historia de la pintura chilena.

EL ENTREMEDIO

... Yo venía del San Ignacio, entré al Bellas Artes y fué muy difícil que me adaptara a la Universidad de Chile. Ahí me miraban como a un niño pije y el medio me era hostil, pero conmigo se equivocaron, porque yo toda mi vida he sido un callejero y mi incomodidad con la burguesía ha sido de siempre. No podía soportar los peinados, las mujeres, la mentira, la crueldad: hasta el día de hoy.

... A los 20 años tenía lista una gran carrera de pintor en Nueva York, pero como yo no puedo ganar, me dio lata y me volví. No me gustó ese éxito, porque te acerca a la muerte. ¿Por qué? Porque te saltas el entremedio. Lo maravilloso en la vida es tener una gran aspiración, pero si desaparece el entremedio, te encuentras con la muerte al tiro.

... Durante el año que estuve después en París, pinté muy poco y volví a Chile decidido a aprender a pintar en serio. En esa época también publiqué mi primer libro: Alamiro. Había empezado a funcionar esa dualidad entre los caminos de la pintura y la literatura, que se han ido juntando ahora que soy mayor.

PROFESOR DE LA CHILE

... A mis alumnos no los reconozco en la calle ni sé cómo se llaman, pero es bonito ver esas caritas ahí, que no saben nada y a las que uno les habla como si supiera mucho. Yo les invento que lo que digo es la Biblia, aunque no sea la Biblia, para que crean en alguna cosa y puedan pisar en terreno firme.

... Como no soy una persona caritativa ni buena, entonces digo ya está, cuando me esté muriendo me van a preguntar: ¿y no hiciste nada por los demás? Sí, hice 30 años de clases. Mi curso se llama introducción a la estética y hablo de Rembrandt ¡ahí en Macul! Salgo para afuera y pienso: les acabo de pasar La ronda nocturna y pasa una micro rajada que dice Matadero-Palma. ¿Qué hago yo acá?, pienso entonces. Pero si uno se va a París a hacerse famoso está dejando a los jóvenes con ganas de irse para allá también y eso no puede ser, porque es una cosa artificial y entonces aquí no va a quedar nadie.

LO AMERICANO

... No puedo ver el realismo mágico. No me gusta ese vodevil. Yo nunca he visto Macondo en ninguna parte. América es mucho más complicada de definir. Este es un lugar ambiguo, más escurridizo, y esa sutileza nos queda grande. Lo de América me importa y, dentro de eso, también esta encerrona que es Chile: esa cordillera nunca la cruzan de verdad los aviones.

... Pero para mí es mucho más rico lo que pasa aquí que la cosa europea. Juan Francisco González, por ejemplo, pintando en Melipilla, es mucho más importante que cualquiera de los impresionistas, porque tiene esos potreros inmensos al frente que se lo comen. Eso me interesa: el perder la vida en un panorama enorme. Es muy difícil darle forma a eso.

FOME Y ENTRETENIDO

... La economía que yo persigo en el lenguaje es para que salga una cosa fome, porque lo fome para mí es lo entretenido. Está todo saturado de entrenteción. Veo una pelicula entretenida y al tiro me aburro, pero si aparece por ejemplo una señora de clase media preparando sánguches en la televisión, ahí me enchufo. Donde no pasa nada, pasa todo; no pasa nada, pero pasa todo lo mío. Valoro a las personas sobre las que no se sabe nada; a las personas que pasearon por la terraza de Cartagena el año 30 con un hijo de la mano y no fueron para ninguna parte; a los que ocuparon piezas en las residenciales, que abrieron los cajones y se fueron.

... La descripción es lo que más me interesa en la vida. Es mi manera de rezar. No soy beato ni católico. Los artistas tenemos otras iglesias. No cabemos ahí. No se nos puede pedir tanto.

PLUMAS

... Volver a leer lo que escribí hace 20 años ha sido ver lo poco desplumado que se está cuando se es joven: porque cuando uno tiene 27 años y escribe una novela ¡por Dios que tiene plumas! Todavía me iban a pasar cosas cuando escribí El picadero. Ahora, en cambio, no me va a pasar ninguna o muy pocas, porque a esta edad uno anda preocupado de los remedios. Leer en la prensa que la melotonina no sirve ha sido una gran decepción.

EL AMOR Y LA QUEJA

... Una persona enamorada baila, pinta y pinta retratos. Pero no escribe. La persona plena, que ha tenido "un encuentro", como dicen los beatos, no escribe. Porque la literatura es eso: la busqueda del amor y la queja.

EL GOLPE MILITAR

... Los que nos quedamos en Chile después del golpe tuvimos que hacer obras muy bien hechas y pensadas para que resistieran una situación que era mucho más fuerte que la literatura. El picadero lo escribí en 1969 y se publicó en 1974. El tren de cuerda se hizo en 1976, en una imprenta particular. No hubo editorial ni librerías para recibirlo y me que dé con todos los ejemplares guardados aquí en mi casa. Sin lo que pasó políticamente en Chile, miCuarteto de la infancia jamás habría existido. Una situación extrema como la que nos tocó pesa y exige mucho en cuanto a la estrictez de la forma, porque al estar en un caos lo que se busca desesperadamente es la estructura y eso a veces da resultados estupendos: salen cosas como esos jardines dibujados y simétricos de la época de Luis XVI





EL PASAJE

... De las novelas de Cuarteto de la infancia, El pasaje es la más bonita de todas, porque es la más en blanco y negro. La terminé en 1979 y ahí tuve una crisis grave, porque no es que ahí las cosas estén dichas: están hechas. Por eso es que el editor me dijo: "Esta no es una novela, Adolfo, es un objeto". Me desgasté demasiado y por primera vez me di cuenta que había llevado las cosas demasiado lejos. Me había habituado a vivir adentro del pasaje y no pude salir, porque el esfuerzo de introspección sin guía que hice fue tremendo. La guardé diez años y le tenía horror, porque sabía que era lo que me había enfermado. Ese libro me significó cinco años sin poder leer ni escribir ni siquiera un telegrama.
... Entonces dije: voy a pintar: La pintura me ha salvado varias veces. Me fui metiendo en la pintura y saliendo de ese agotamiento. Hice una exposición en 1983 en la galería Visuala, pero no fui a la inauguración. Partí a buscar unas perillas que me faltaban para un catre y dejé a toda la gente esperando. No pude ir. ¿Cómo iba a ir a la terapia que yo ya me había hecho? Después de eso me vine a vivir a Cartagena.

CARTAGENA

... Yo me replegué aquí porque tenía que salvarme. Como no me puedo subir a los aviones, no podía irme a ninguna parte. Entonces, para salir, partí a Cartagena, que es un lugar muy distinto a Chile. En Cartagena me hizo muy bien mirar a todo ese gentío en el verano, porque cuando hay ochenta mil personas con unos melones tuna de sombrero pasando por debajo de tu balcón, no hay gobierno militar ni nada: hay un mar humano que no hay cómo dominarlo, y eso me entusiasmó mucho.



.. Me encantaron las casas, las papas fritas, las radios prendidas, pero no porque yo quisiera ser popular ni marginal, sino porque quedé metido en una realidad que no controlaba ninguna autoridad. En Cartagena me sentí en democracia.

... Toda mi poética está en estas calles con sus casas europeas destartaladas, con palmeras y en playas chilenas. Me encontré con que todas mis descripciones se habían concentrado en este lugar. Y después me di cuenta de que nadie cuida esto que tenemos, que hechan abajo los árboles y que hay un precio que pagar por la soledad.

LAS PASIONES

... Sólo entienden las pasiones los que las han vivido y no a todos les pasa. La gente tiene miedo y prefiere la tranquilidad. Las pasiones se acaban. Son dependencias y pérdidas de identidad, pero también son aprendizajes, cursos intensivos.

... Uno cree que van a ser siempre, o uno le pide a Dios que se terminen luego, y cuando terminan las hecha de menos. En todo caso parece que he vivido puras pasiones no más. No conozco ese otro que dura. A mí no me dura nada. Me dura la literatura.

LA COMEDIA DEL ARTE

... Mi gran acción de arte, el primer boceto de esa novela, es que yo me vine a vivir aquí. La comedia del arte tiene dolor, tiene humor y fue un premio, porque es como si yo me hubiera puesto a barrer y a tapizar las butacas en el escenario de una obra que iban a dar muchos años después. Y hay amor por este escenario porque me acogió y yo le debo.

... Entonces, como yo llegué a Cartagena primero y después mis personajes, pude desplegar con más tranquilidad el amor que siento por los demás y no me salió a pose decir que me gustan las viejas, las gallinas flor de haba, los zapatitos y los moños, porque ¡por dios que he vivido entre moños yo! No tenía cómo equivocarme y me fue bien. Y conseguí una fama aquí, detrás de la cordillera, que se irá diluyendo con el tiempo como la neblina. No importa. Fui famoso en familia.

SIN HORARIO

... Me resulta imposible imaginar a un verdadero escritor sentado todos los días, de dos a cinco, frente a la computadora y levantándose después para ir a tomar té con pasteles. Ahí nacen esas novelas asquerosas y repugnantes hechas en la paciencia que después no hay paciencia para leerlas. Para mí, escribir es muy difícil y puedo hacerlo solamente cuando no me queda otra. Lo que pasa es que tengo muchas horas en las que no hago nada, horas en las que estoy escribiendo sin la mano.

CASI NADA

... Soy muy valiente pero tengo mucho miedo también. Porque me asusta la vida. Encuentro seria la vida, la encuentro grave, importante, porque somos lo que somos no más, y como somos casi nada y es lo único que somos, si perdemos el casi nada nos quedamos sin nada. Entonces hay que mantener esta casi nada todo el tiempo con conciencia del casi nada, y así se hace muy difícil completar el día.

EL MAREO

... Pienso que los artistas son en el fondo muy poca cosa, gente muy impresionable y muy hueca, porque son muy propensos a ser volteados por fuerzas frente a las que no tienen defensas. Yo creo en el arte, pero creo que el arte es ese mareo no más y que algunos lo tienen. Yo nací mareado.

EL TÚNEL DEL ARTE

... Hasta los 50 años, que es el comienzo de la vejez, uno se ha capeado la vida en el túnel del arte. Hasta ese momento has estado metiendo tus amores, tus enredos y tus pasiones, todo ahí. Pero a los 50 años la cosa se pone color de hormiga, porque el tema del deterioro es un denominador común para artistas y no artistas.

... Entonces no es crisis lo que viene: es una hecatombe. Empiezas a pensar: bueno y ese señor que va por la calle y que tiene mi edad, ¡por Dios!, debe estar tan preocupado como yo de la gripe y de la próstata. Y no hay próstatas de artista ni cómo volver atrás. Entonces la vida te pregunta: bueno, ¿y cuál es tu señora?, ¿cuál es tu casa?, ¿qué les has dado a los demás?, ¿qué ha sido de tus hijos?

LOS TIEMPOS

... La escritura de una novela es un terremoto, un periodo de cataclísmo, porque escribir una novela es en realidad vivir dos veces. Sólo cuando lo vivido y lo escrito tienen la misma intensidad se produce la verdadera literatura, y eso desata una lucha entre el tiempo real y la urgencia del dictado que está atropellandose por salir. Ese tiempo es el del meollo, del cusco de la palta: ahí está la obra. Después se pasa en limpio y se corrige. Esa es la fase del enlucido de la casa y la de aprender modales, pero es la otra parte, la del temporal, la verdaderamente importante y ahí uno está solo.

... Esos periodos de intensidad no pueden durar, porque quiere decir que esa persona se salió de la realidad no un mes, sino cuatro, y no hay cómo traerla de vuelta. Maupassant no se recuperó nunca; Schumann, que hizo una música muy difícil de clasificar, no pudo volver. Lo mismo Pound o también Mozart, que terminó absolutamente paranoico escribiendo un réquiem para nadie. El decía que un enmascarado le golpeaba la puerta. No se ha podido comprobar. ¿Qué estaba haciendo Mozart? El réquiem para su propia muerte.Yo me defiendo todavía porque me quiero dar lapsos de normalidad. Tengo la ilusión de poder viajar o dedicarme a mi jardín, de descansar. Pero cuando ese descanso resulta menos intenso que lo otro, uno puede decir me meto en esto y no vuelvo más.

CAMINO A LA POESÍA

... Con La comedia del arte yo me metí ya no con el tema universal, que es lo que define el intento del realismo, sino con el arquetipo que colinda con la poesía. Esto me obliga a seguir adelante. No puedo volver al realismo. Tengo que ir a una cosa nueva, contra los años, y es por eso que estoy tan asustado: porque voy camino a la poesía.

A MANO

... Si pudiera escribir con el puro dedo, lo haría, porque necesito lo más de mi cuerpo que pueda usar. A la computadora yo no la puedo agarrar a dos manos y a mí me gusta la hoja. El tiempo y la sonoridad de la máquina de escribir rompen mi organismo de escritor. Antes usaba un lápiz de mina y después le hice una concesión a la lapicera fuente, que es actualmente el único intermediario que yo tolero. El tiempo de la máquina de escribir es el de la corrección, y ése sí se puede combinar mejor con el diario vivir.

LA CULTURA

... No hay ningún pintor o escritor que yo conozca que haya inventado la ampolleta ni el gas licuado. Entonces, cuando hay alguien que realmente aporta algo, como Edison, Marconi, o cuando un novelista como Flaubert instala su obra en el concierto de la tierra, eso es porque la tierra lo necesitaba con hambre. No estamos para especulaciones ni conversaciones de café. La cultura para mí está en la cáscara de la tierra, pero es muy poco el avance cultural verdadero. Hay necesidad de que los escritores nacionales tengan categoría y se hagan valer ante los lectores que los requieren. Las editoriales tendrían que tener un cedazo más fuerte, porque está de moda escribir, y si todos son escritores, ¿dónde están los lectores?

EL PERRO Y EL LORO

... ¿Cómo voy a ir a Europa? Tengo un perro y un loro: ¿qué hago con ellos? Y les debo harto, porque no son literatura. El perro me quiere como no me va a querer otro. No tenía derecho a tener perro yo. Pero tuve perro y me enredé. Es un problema grande. Estoy enredado con el loro. El loro me quiere y me conoce. Dice mi nombre. Entonces yo no podría ser feliz en París si sé que el loro va a estar diciéndole Adolfo a alguien aquí en Chile. Porque el loro me ha acompañado diez años y no lo puedo hacer leso.

MERODEAR

... A mí me interesa ir del intento a la solución aunque sea fallida. Merodear y merodear en torno a lo que yo quisiera hacer, porque nunca voy a llegar a la perfección de una ola que dura un instante; a una flor, jamás. La naturaleza me humilla de la mañana a la noche en todo: en su desorden, en su belleza, en su fealdad.

LA MUERTE

... El ser humano siempre piensa que está donde no debe. Uno de repente se da cuenta de que el lugar que eligió o le tocó es más feo, menos intenso y menos entretenido que otros. Porque cuando a madame Bovary la convidaron a ese baile de nobles en París, se dió cuenta de que la cosa era mucho más divertida en otra parte. Los que se construyen casa, se cambian de casa y viajan tanto están arrancándose de la muerte. Llega un momento en que uno dice, como en el cuento de los tres chanchitos, "ya, aquí voy a poner mi quiosco para que me lo sople el lobo". Lo único que puede paliar esa traición tan grande que es la muerte es hacer algo que te esté ocupando tan fuertemente como esa certeza. De lo que se trata es de cómo jugarle a la muerte con una carta mínimamente equivalente.



en REVISTA PAULA ; Abril de 1998

sábado, 16 de noviembre de 2013

Adolfo Couve en los desórdenes de junio. Entrevista de Malú Sierra











por Malú Sierra


... Hasta ahora había sido un pintor -extraordinariamente bueno-, profesor de la Escuela de Bellas Artes y dedicado de lleno a su oficio. De repente apareció un libro bajo su firma. Un pequeño volumen con dieciseís "escritos", como los llama él, que lo revelaron como escritor. Con su cara de ángel un poco maligno, una pequeña barba de profeta y unos ojos azules que miran hasta el fondo de las cosas, Adolfo Couve es todo un personaje. A los 30 años, descubrió -definitivamente- que es un gran artista. Y lo dice. "Estoy convencido que tengo mucho talento y que tengo algo que decir". Su libro lo tituló "En los desórdenes de Junio" porque muchos de los cuentos los escribió en junio de 1968 cuando se discutía la reforma de la Universidad, en medio de las asambleas "donde se consultaba a las bases" y donde todos gritaban por su lado.

... Vive frente a la casa de Salvador Allende y desde el 4 de septiembre ya no prende la televisión. Según él, le basta con mirar por la ventana de su cocina para enterarse de todo. Al principio tenía que pedir permiso para llegar a su casa pero ahora todos los carabineros y detectives encargados de la vigilancia del presidente lo conocen y le hacen grandes saludos. "De repente pienso que a lo mejor yo soy el presidente, con toda esa gente en la puerta de mi casa (allí pusieron un escaño para que se sentaran)que me saluda con tanta deferencia", dice muy serio.

... Pero la política no es lo que más le interesa. Según él, el poder y la verdad están disociados. Por lo tanto él no quiere poder. Solamente que lo dejen vivir tranquilo. Y crear. Instalado en el living-comedor-escritorio-sala de estar de su preciosa casa blanca, se dispone a conversar "pero no de cosas frívolas porque yo no soy frívolo". Encuentra una frivolidad que le pregunte, por ejemplo, qué hace para representar la mitad de la edad que tiene. Pero de todos modos contesta así a esta pregunta:
--Lo que pasa es que hago una vida latosa. No me gusta pecar.

--¿Qué es pecar?
--Un hombre casado sabe lo que es pecar.

... El está casado con Martita Carrasco, también una gran artista, y tienen una hija de siete años, Camila.
... Le digo que me parece un ángel caído. Una persona que fue buena pero que se puso mala. Entorna los y dice:
--Sin duda es más entretenido ser malo que bueno. Pero yo no me considero malo sino h.... Y además -se enoja- ¡Esto no es una entrevista!

--¿Piensas tener más hijos?
--No, de ninguna manera. Porque yo soy artista. Y tengo que dedicarme a muchas cosas. Un hijo necesita mucha dedicación y yo necesito tiempo, calma y concentración porque tengo algo que decir.

... No hay caso. El quiere una entrevista como artista. Así es que me resigno a no ser frívola y a hablar sólo de literatura y de arte.


ARTE NO COMPROMETIDO

... El libro de Couve, que es el segundo que publica (el primero fue "Alamiro", en 1965), tiene apenas 60 páginas; sin embargo le significó a su autor varios años de trabajo. "Es un libro muy denso. Hay muchas cosas que no publiqué para no engrosarlo más. Para que no cansara. Para que fuera posible leerlo en este mundo de hoy. Creo que el nuevo tiempo hay que tenerlo presente. Un gran escrito no se puede leer, por eso hay que decir sólo las cosas "posibles" para que sea realmente útil".

--¿Util para qué?
--Util para la literatura. Para la gente que le gustaleer. No pretendo transmitir ningún mensaje, ninguna profecía. Nada. Es un libro en sí mismo. Pretende decir todo lo que la literatura siempre ha dicho: la vida misma nomás. La literatura como arte es la gran denuncia y la gran conciencia. Y yo creo en el arte. Pienso que no es inútil. Un arte que funciona es un arma formidable para poner los valores del hombre en su verdadero lugar.

--¿No cree que el artista debe estar comprometido con una ideología?
--No. La política es un esquema. Y una buena obra de arte es siempre una buena obra política. No necesita comprometerse políticamente. En cambio a veces lo necesitan los hombres. E incluso algunos artistas porque creen que el mensaje político tiene que ser evidente. Son artistas más aprehensivos que necesitan del compromiso político para definir ciertas cosas que ya el arte de por sí lleva implicitas.

... Para entender mejor lo que Couve trata de decir sería interesante conocer también su trayectoria de pintor. Actualmente es profesor de Forma y Color en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile y como pintor tiene una fama bien cimentada. Todas sus exposiciones han recibido el apoyo de la crítica y del público (probablemente sea uno de los pintores que más venden en Chile) que se sienten mara villados delante de sus diáfanos paisajes. Su tema era la naturaleza. Una naturaleza muy poética. Discipulo -y uno de los más aventajados- de don Pablo Burchard, Couve explica que siempre le gustó el paisaje. La soledad de la naturaleza. "La naturaleza es muy sola. No necesita de los hombres. Se basta a sí misma. Por eso me he alejado de ella porque creo que los hombres tienen que ver con los hombres. Los hombres conocen lo que es el compromiso, el amor, la entrega, el trabajo. La naturaleza es el kindergarten del hombre. Y después es muy difícil volver a ella porque eso aleja nuevamente de los hombres. Sin embargo, tengo nostalgia de ella.

... Pintor de éxito, ganador de varios premios (Salón Oficial, Primer Premio CAP 1967), Adolfo Couve ve en la literatura otro camino para su alma de artista. "Lo que pasa es que yo me eduqué como pintor. Me formé en la Escuela de Bellas Artes pero da lo mismo formarse ahí, en el Pedagógico o en Ingeniería.En cualquier oficio un artista se forma, madura, crece. Siempre que lo haga en forma seria.


LOS PERSONAJES DE SUS ESCRITOS


... Para acercarse al hombre, Couve se ha metido en la literatura sin dejar por eso la pintura. Pero su acercamiento es muy relativo.
--También he guardado una distancia con respecto a los personajes que describo. Para no intervenir yo personalmente. No me interesa que a través de mi obra se sepa quién es el artista. Admiro a los ARTISTAS que han dejado obras maravillosas y que sin embargo no se sabe nada de ellos. Me asquean las confesiones personales.


... En verdad sus escritos son extrañamente impersonales. Como si hubieran nacido solos. Los personajes existen por sí mismos, como el insólito Ministro Blumer, "cuyo sentido de responsabilidad terminó por exacerbar al Parlamento... Sus iniciativas llenaban de estupor a los senadores ya que estaban revestidas de tales subterfugios que descubrir la real intención del ministro era como deshacer elástico por elástico una pelota de golf..."


--¿Por qué llama "escritos" a sus cuentos?
--Porque no son cuentos. Son simplemente literatura. No creo en los géneros literarios, que por lo demás están cambiando. Los géneros limitan la literatura. La novela, por ejemplo, no siempre tiene interés literario. La poesía está sometida a reglas muy estrictas. En cambio, el escrito es todo. Cuando es bueno es entretenido (porque es vivo, es universal, está despersonificado, es objetivo) y también es poesía. Prosa poética. Lo difícil es mantener esta síntesis. Capear un poco los géneros y no caer en una cosa híbrida.


--La importancia de la despersonificación la explica diciendo que un solo hombre no tiene importancia. Un artista sí. "Tiene que hablar con la misma intensidad a través de todos sus personajes".


--¿Cómo puede separarse el artista del hombre?
--Porque el verdadero artista tiene siempre una doble vida. Esta es una posición porfiada que yo tengo y que muchos no comparten. Yo escribo con la tercera mano. Para mí es un hecho que el hombre está disociado del artista aunque se alimentan uno del otro. Esa dicotomía es la que produce el arte. Además es la única manera que uno puede convivir con su mujer, con el jardín, con los hijos. De que se puedan tener defectos. El arte no puede tener defectos o no sería arte. Tiene limitaciones pero no defectos. Una obra de arte mala no cuenta. No es arte.


... De su libro piensa que tiene muchos defectos. Que es disparejo. Pero que hay escritos excelentes. Por esta división hombre-artista, Couve dice:
--Yo soy el primer lector de mis escritos. Puedo leerlos y no leerme. también a mí ellos me cuentan una historia.


--¿Cómo los escribe?
--Corrijo mucho. Los trabajo durante largo tiempo. Primero hago la historia, sin pensar en la extensión. Treinta o cuarenta páginas. Luego la guardo. Después de un tiempo la vuelvo a escribir, sin mirar lo que escribí antes. Y sólo entonces comienza el trabajo. Saco todo lo que no es y dejo sólo lo esencial. Voy juntando las cosas, no como un collage porque cuando las cosas SON se juntan solas. Voy componiendo como se compone música.


--¿Por qué elige especialmente temas del pasado?
--Porque soy un americanista y creo en América. Tengo mucho sentido histórico y también de familia. Me gusta mirar para atrás a través de mi familia porque pienso que es tan inmensa la realidad americana que un hombre solo no puede relacionarse con ella. Tiene que buscar raíces. Pienso además que el artista americano va a tener que buscar sus mitos, sus leyendas. Va a tener que recurrir a su historia, que es el abrazo entre lo americano-indígena y lo europeo. Lo americano por sí solo no se sostiene. Tampoco lo europeo. La fuerza nace de la unión. Somos un pueblo lleno de entrelazamientos entre lo autóctono y lo importado. No podemos estar sometidos a lo que viene de afuera ni tampoco a lo que había. Porque lo que había está unido ya con lo que vino. Estamos en la época del resultado. La época del fruto de América. Y yo creo que mi libro, con sus personajes de todos los tiempos, contribuye a la nueva cultura americana.


--¿No es eso un poco sofisticado?
--He tenido opositores. Porque confunden mi intención con una actitud esteticista y aristocratizante. Que va al pasado por no afrontar el presente. Pero no es así. Creo que éste es nuestro mundo y que hay que sacarlo a flote. Hay que mostrarlo. A todos nos hace falta un pirata propio, un gobernador, un ministro.


--¿Cree que el gran público entenderá su libro?
--No sé. Pero la cultura no retrocede y yo no puedo bajar ni un centimetro la calidad. Este es un libro fácil. Dice lo que dice. Los que no lo entienden quiere decir que están pervertidos. Pervertidos por el Pato Donald y por los malos escritores.






en Revista Paula, Octubre de 1970